• Valeria Primost

Motivación y Postura, factores inseparables de una ecuación cotidiana



Cuando observamos a los niños jugando, corriendo, realizando acciones desafiantes, incluso por primera vez en sus vidas, podemos disfrutar viendo cómo sus cuerpos continúan relajados, cómo sus piernas y brazos se mueven independientemente de sus torsos y sus cabezas se mantienen en equilibrio sobre estos, sin interferir con su integridad muscular y orgánica.

Asumimos que los años son los culpables de no haber conservado nosotros mismos esa integración postural de nuestra infancia, y aún así seguimos con la duda: mas allá de los años, ¿ qué nos pasó en el camino que, habiendo sido así de niños hoy ya no podemos permanecer siquiera sentados sin sentir dolor?

Es una de esas preguntas latentes y constantes acalladas por el hábito y la costumbre, la asunción de que así es la vida. De vez en cuando pensamos que tenemos que hacer algo al respecto y buscamos alguna actividad que nos quede “a mano” para intentar una y otra vez mejorar nuestra postura, mayormente sin resultados o con resultados temporarios que al cabo de un tiempo nos sorprenden con algún otro nuevo achaque.

Entonces miramos a los niños con cierta envidia: quien pudiera!, pero bueno, ya te llegarán los años a vos también pequeñín…

Sin embargo desearíamos que fuera diferente y seguimos intentando.

Esa maravillosa capacidad del ser humano de siempre seguir intentando, probando y errando, probando y errando, una vida entera sin resultados… es esta la única manera de aprender? Es esta la única manera de desarrollar una habilidad? De generar un cambio deseado?

Nuestros ineficientes hábitos posturales no son mas que un reflejo de nuestros ineficientes hábitos de comprensión del mundo que nos rodea y de nosotros mismos. Y no podemos ciertamente esperar ningún cambio a través de la repetición de una acción igual de ineficiente no importa cuantas veces se repita.

Me refieron con "comprensión ineficiente", por ejemplo a nuestra observación de la perfecta habilidad postural de los niños. Nos limitamos a ver la forma: "mirá que derecha esa espalda! , cuanta energía que tienen los chicos!..."


Miramos el hecho de una forma fragmentada y no como una totalidad dinámica:

¿ que hay allí además de la forma y la juventud ? lo que hay son las bases del estímulo primordial para el desarrollo y supervivencia de cualquier ser vivo en esta tierra: el estímulo adecuado.

Si partimos de la observación de los reflejos básicos de supervivencia vemos con claridad que cualquier actividad vital requiere de un estímulo determinado que promueva en el organismo la producción de un cierto elemento químico que activará nuestro sistema nervioso en la dirección necesaria para optimizar nuestras posibilidades de subsistencia en una situación determinada.

El olor del alimento promueve la secreción de saliva que contribuirá mas tarde a la digestión del alimento, y seguramente antes de eso en los animales carnívoros, el olor de la presa activará el sistema nervioso para prepararlo para la caza tanto en su disponibilidad física como en su atención. Ver hacia donde vamos hace mas fácil el traslado físico en esa dirección, no solo porque nos permite ver el espacio frente a nosotros y advertir cualquier obstáculo que pueda interferir con nuestro camino, sino porque a la vez que la mirada está enfocada en la dirección deseada nuestra cabeza acompaña y detrás de ella nuestra columna y miembros se acomodan en consecuencia, todo el organismo como una unidad se dispone en la misma dirección.

Pero qué pasa cuando eso que vemos en nuestro destino no es lo que desearíamos? O nos asusta? Pero aún así sentimos el deber de ir hacia allá?

Como seres humanos adultos hemos desarrollado el sentido del deber que en muchos casos reprimirá el deseo de cambiar de dirección obligándonos a caminar en una dirección no deseada. Respuesta casi inevitable a esta situación será evitemos mirar en esa dirección sin haber cambiado de rumbo.

Lo que obtenemos de esta ecuación es una desintegración del sistema por causa de deseos aparentemente contradictorios y un cuerpo intentando continuar funcionando en medio de un desierto de sentido.

Los niños comienzan a mostrar interferencias con su uso natural una vez que los adultos comenzamos a plantearles deberes y obligaciones. La forma y los métodos en que estos se planteen afectarán completamente el desarrollo de su personalidad y por lo tanto de su postura.

Tener en cuenta que la motivación, la curiosidad y el entusiasmo son estímulos primordiales para realizar cualquier actividad de manera exitosa es elemental para entender de qué manera proponer a los niños las actividades que deseemos que lleven a cabo en cualquier proceso de aprendizaje.



Como adultos comprender esto también implica observar nuestra propia motivación para cada una de las actividades que llevamos a cabo diariamente.

En un mundo capitalista solemos culpar a nuestras tareas laborales cuando estas no son las deseadas (e incluso cuando sí lo son), por la mayor parte de nuestros estados de ánimo y nuestro estado de salud.

Quizás el secreto esté en mantener viva la motivación diaria para llevar a cabo esas tareas que aparentemente no elegimos.

Asegurarnos de tener a mano y visible el resultado de ese esfuerzo hasta que en algún momento el esfuerzo sea mínimo en comparación con la satisfacción de lo que producimos con él.

Nuestra vidas aceleradas frecuentemente nos impiden ver el fruto de nuestro trabajo en el contexto familiar, en actividades placenteras , en el disfrute de todo ese trabajo en experiencias cotidianas y tangibles que nos mantengan siempre conectados con nuestra motivación.

Subestimar el efecto que nuestro entusiasmo cotidiano puede tener sobre nuestra postura sería como pretender agarrar un cuchillo por su filo sin cortarnos.

La actividad corporal es solo una cara de la moneda de múltiples facetas que es nuestro ser, manifiesta un estado del ser en su totalidad y es parte de una secuencia organizada de eventos necesarios: la cabeza gira porque hay algo detrás nuestro que deseamos ver. En esa frase tenemos una imagen integrada de acción-emoción-sensación que no existen uno sin el otro.



Valeria Primost 2015


LICENCIADA EN ARTES ESCENICAS (NL)

Amsterdamse Hogeschool voor de Kunsten

PROFESORA DE LA TECNICA ALEXANDER (AR)

Cert.Society of Teachers of the Alexander Technique (London)

Asociación Argentina de Técnica Alexander

​KUNG FU INTERNO (Wudang CHINA) Sistema Xuan Wu Pai de Wudang 

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